Más trabajo, pero menos empleo pagado: la pandemia amplía la brecha de género

En medio de la pandemia, las mujeres registraron tasas de desocupación más altas a la par que sus cargas de trabajo no remunerado aumentaron.

La pandemia de COVID-19 no solo evidenció la brecha de género en materia laboral en el país, sino que la ha ampliado. Hasta julio pasado, se contabilizaban tres millones de mujeres ocupadas menos que en el mismo mes de 2019, mientras que el 6.3% de la población económicamente activa de este sector está desocupada frente a un 4.8% de los hombres.

A ello, se le suma también la carga laboral doméstica o de cuidados –como las tareas escolares y del hogar, actividades que no son remuneradas–, así como la brecha de ingresos. “Las mujeres estamos sí o sí en desventaja en cuanto a las brechas de desempleo, en cuanto a las brechas del tiempo dedicado al hogar y en cuanto a las brechas de ingreso”, sostuvo María Ayala, investigadora de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza.

Justo en medio de la jornada nacional de distanciamiento social, Rocío se quedó sin empleo. La joven de 36 años trabajaba en un empresa de entretenimiento, la cual vio reducidas sus actividades y proyectos por las medidas de mitigación para prevenir contagios. En los primeros días siguió yendo de guardia la oficina y haciendo home office, pero al cabo de unas semanas, le rescindieron su contrato.

Aunque sí la liquidaron conforme a la ley y tenía algunos ahorros, sus recursos son limitados al igual que las posibilidades de encontrar trabajo en esta situación. Ha enviado cerca de 20 solicitudes de empleo y hasta el momento no ha habido buenas noticias.

Fátima Masse, coordinadora de proyectos del IMCO, comentó que de mayo a julio 18 hombres empezaron a regresar al mercado laboral o mejorar sus condiciones de trabajo –que estaban trabajando todas las horas que tenían ofertadas o que dejaron de estar desocupados–, pero en contraste solo 14 mujeres lo lograron en ese periodo.

“La pandemia afecta mucho más a las mujeres que a los hombres desde la perspectiva económica (…) los hombres están regresando mucho más rápido que las mujeres y en mejores condiciones laborales”, aseguró en entrevista.

Lo que están viendo desde el IMCO es que las mujeres que regresan al mercado laboral, no necesariamente lo hacen como subordinadas y remuneradas, que es donde están las trabajadoras formales, sino que están “brincando” como trabajadoras propias, lo que les preocupa porque no tiene seguridad social o no reciben un pago.

La cifra de no remuneradas se duplicó: pasó de 3.1% a 7.6%, mientras que las trabajadoras propias de 14% a 23%”, detalló Masse, luego al explicar que probablemente son las mujeres que trabajaban, por ejemplo, en un hotel que cerraron, que se van a su casa y que terminan vendiendo cosas o algo que pueda hacer en los tiempos tan limitados que tiene.

Hace unas semanas, Paloma Escoto, compartió una publicación en Twitter que recibió más de 8,200 retuits, en la que pedía ayuda para que le compraran peluches. “No me da vergüenza vender de todo. No cuento con empleo formal ni salario fijo, me declaro nueva mamá emprendedora”, escribió la gestora cultural.

Su situación es similar a la de otras miles de mujeres que ante la crisis buscan formas para salir adelante.

La tardía recuperación

Si bien la brecha de género venía de tiempo atrás, con la epidemia se ha agravado y la población femenina afectada es la que más está tardando en recuperarse.

En julio de 2019, 21.4 millones de mujeres estaban ocupadas y 33.6 millones de hombres; para abril de 2020, en medio de la pandemia, disminuyeron a 16.8 y 26.5 millones, respectivamente, mientras que para julio, la población femenina se incrementó a 18.4 millones –tres millones menos que hace un año– y la masculina a 31.4 millones, según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).

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Una de las razones por las que la situación laboral para la población femenina tarda más es porque siete de cada 10 mujeres pertenecen al sector terciario, de servicios, y que tiene mayor contacto con la gente, como es el caso de restaurantes, hoteles, entre otros, que son las últimas áreas en retomar actividades.

“El problema ya venía estando en la desigualdad de la participación entre hombres y mujeres, pero de manera relativa en la mujer no se ha logrado recuperar, porque hay una redistribución de los trabajos de la mujer en lo sector terciario, en el que participan 70% de mujeres y menos se ha incorporado”, expuso Edgar Vielma, director General de Estadísticas Sociodemográficas del INEGI, en el XXI Encuentro Internacional de Estadísticas de Género.

La reducción de la actividad económica afectó en primera instancia a las trabajadoras informales que perdieron su sustento de vida de forma casi inmediata, sin ninguna red o posibilidad de sustituir el ingreso diario en general. Actualmente, la tasa de participación de las mujeres en el mercado laboral en México es de 39.2%.

Las mujeres en el mercado laboral

Verónica Alaimo, especialista sénior de la División de Mercados Laborales del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), señaló que a raíz del COVID-19, las mujeres trabajadoras han tenido que combinar su trabajo remunerado con tareas del hogar, educación de los hijos y tareas de cuidado, responsabilidades que recaen sobre ellas.

En México, las mujeres asumen en promedio 39 horas semanales de trabajo no remunerado de cuidado de personas y de hogares, es decir el doble de tiempo que los hombres, lo que impacta en el desarrollo de sus carreras, afecta su competitividad y eficiencia, las obliga a dejar pasar oportunidades y les crea obstáculos para obtener promociones y aumentos.

“Esto preocupa porque necesitaríamos estar viendo de parte de la política pública programas que cambien los incentivos, que a pesar de que las mujeres se están llevando la mayor carga dentro del hogar, puedan lograr romper la barrera y logren permanecer en el mercado laboral e incluso crecer en él”, señaló Masse.

Al respecto, ONU Mujeres planteó unas sugerencias para atender estas situaciones con perspectiva de género y corresponsabilidad desde las empresas o centros de trabajo, como enviar un mensaje un claro a todo el personal que reconozca la carga de cuidados generada por el contexto actual; establecer una lista del personal que tiene carga extra de cuidados por las medidas ante la COVID-19, dividida por áreas; solicitar que cada equipo de trabajo busque una repartición temporal de tareas urgentes, para liberar parte del tiempo del personal que atiende estas tareas, entre otras.

Ayala refirió que en cuanto a la brecha salarial, por ejemplo, las mujeres que son las que están al frente de la “batalla”, es decir que trabajan en sector salud o educación, que en estos momentos son primordiales, ganaban antes de la pandemia en promedio 1,320 pesos mensuales.

“Es la paradoja social de las mujeres, tenemos más desempleo y más trabajo”, comentó ya que existen jornadas laborales adicionales en la casa, lo que aunado a la brecha salarial y a las oportunidades, las coloca en una posición vulnerable.

Mientras no cambiemos el chip va a ser más difícil que el país gane al ingresar a estas mujeres en un mercado laboral mucho más justo.

La especialista del BID escribió que el impacto de la crisis en las mujeres pone en tela de juicio los avances que se habían logrado en este nuevo siglo para cerrar la brecha de género. Sostuvo que se debe asegurar que más mujeres puedan acceder a un empleo formal superada la etapa de confinamiento e incorporar activamente la dimensión de género en las estrategias de respuesta ante la pandemia, mientras que dentro del mercado laboral, es necesario que las políticas de reactivación económica las incorporen proactivamente.

Con ella coincidió Masse, quien dijo que el riesgo es que se reviertan los avances conseguidos. “No se está rompiendo con la inercia, tenemos una brecha de género en la economía muy grande y el gran riesgo de la pandemia es que se reviertan avances que se han tenido en los últimos años y que inclusive sean brechas aún más difíciles de cerrar”, afirmó.

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