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Horas Extras, las dos caras de la moneda

Parece que los días se hacen eternos para la clase trabajadora y por el contrario insuficientes para la clase económicamente poderosa. Parece que no hay tiempo suficiente para terminar con las labores cotidianas, que la gente desearía que los días tuvieran cuarenta horas para sacar los pendientes adelante. En este mundo globalizado, día a día las exigencias son mayores, los tiempos se han hecho más cortos, las soluciones más apremiantes y se necesitan resultados de manera más inmediata.

Esto ha llevado a que en algunos casos los patrones abusen de la necesidad del trabajador por mantener su empleo y lo orillen a cubrir jornadas extraordinarias agotadoras, sin que en todos los casos les sean remuneradas éstas como se deben. De igual manera, existen trabajadores que hábilmente y sin que exista un motivo justificado prolongan su jornada laboral con el único fin de aprovechar los beneficios que otorga la ley para aquellos que laboran más allá de los límites legales, perjudicando de esta manera el bolsillo del patrón.

“Jornada de trabajo es el tiempo durante el cual el trabajador está a disposición del patrón para prestar su trabajo.”

Pero, ¿hasta qué punto se refleja el doble filo de la relación entre el patrón y su trabajador?

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